
Fuego lento, bien lento. Había chorizos de pollo y de cerdo con gancia. Pero el plato fuerte fue cordero. Casi tres horas de cocción. Tirando del hueso, se caía la carne con suave desliz, señal de una cocción pareja, dócil, completa.
El vino tinto de primer nivel, no salió en la foto, pero creánme que fue de los mejores que se tomaron en casa.
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